El problema parece pequeño hasta que ocurre: el portátil conserva batería, el teléfono también, pero el internet ha desaparecido con la luz. Antes de comprar un UPS conviene averiguar qué aparatos forman realmente la conexión, cuánto consumen y durante cuántas horas queremos mantenerlos funcionando.
Se ha ido la luz y, durante unos segundos, la casa ha adquirido esa extraña gravedad que toman las cosas cuando dejan de obedecer. La nevera se ha callado, el televisor ha quedado negro y alguien se ha acercado a la ventana para averiguar si la desgracia es doméstica o si, por fortuna democrática, se ha repartido entre los vecinos. En el edificio de enfrente tampoco hay luz, y con esta comprobación, que no arregla absolutamente nada pero consuela bastante, la familia ha dado por establecido que la culpa pertenece a otros.
El portátil ha seguido funcionando. El teléfono conserva todavía buena parte de la carga, los audífonos tampoco se han enterado de la emergencia y hasta el reloj inteligente continúa contando pasos con una diligencia que en semejante momento parece algo impertinente. El internet, en cambio, se ha ido con la electricidad. Entonces hemos mirado el router apagado y hemos llegado a una conclusión perfectamente razonable: si queremos internet durante un apagón, necesitamos mantener encendido el router.
La conclusión no está equivocada. El inconveniente es que puede estar incompleta.
Antes de comprar un UPS conviene seguir los cables
En muchas instalaciones de fibra óptica ha existido, además del router, otro aparato llamado ONT, sigla de Optical Network Terminal. Su trabajo ha consistido en recibir la señal óptica que ha llegado hasta la vivienda y convertirla en una señal que nuestros equipos puedan utilizar. A veces la ONT y el router han venido integrados en una sola caja; otras veces han sido dos aparatos distintos, y la segunda de esas cajas ha podido pasar años detrás de un escritorio sin que nadie le haya prestado demasiada atención.
El problema se ha descubierto el día del apagón. Alguien ha comprado un pequeño UPS, ha conectado el router y ha contemplado con satisfacción cómo sus luces permanecían encendidas mientras el resto de la casa se encontraba a oscuras. El teléfono incluso ha mostrado el símbolo de Wi-Fi. Sin embargo, ninguna página ha cargado porque la ONT, que seguía conectada directamente a la pared, se había apagado. AT&T, por ejemplo, advierte a sus usuarios de fibra que cada equipo necesario para prestar el servicio —gateway, módem u ONT— puede requerir su propio respaldo de energía.
Mapa del problema
¿Dónde entra a la casa?
¿Está separada del router?
¿Qué fuente utiliza?
¿Alimenta a todos los equipos?
Antes de comprar cualquier sistema de respaldo conviene entonces hacer algo más elemental que comparar especificaciones: mirar la instalación. Hay que seguir la fibra, identificar cuántos aparatos intervienen antes de que aparezca el Wi-Fi y comprobar cuáles dependen de una fuente de alimentación. En una vivienda puede bastar con respaldar un solo equipo; en otra habrá que mantener dos. En algunos edificios incluso puede existir infraestructura común cuya alimentación ya no depende del apartamento.
Ese inventario cambia completamente la pregunta. Ya no estamos buscando una batería para “el router”, sino calculando cuánta energía necesita realmente nuestra conexión a internet.
Y resulta que no necesita tanta
La palabra respaldo eléctrico ha terminado asociada a equipos grandes: inversores, plantas, paneles solares, estaciones portátiles con asa y fotografías donde una familia sonriente ha decidido llevar una cafetera a un bosque. Pero mantener una conexión doméstica es un problema bastante más modesto.
Un router corriente puede consumir unos pocos vatios, aunque el valor depende bastante del modelo, del número de radios Wi-Fi, de los puertos y de la carga de trabajo. TP-Link, por ejemplo, publica consumos en reposo de 2,86 W para el Archer A54, 4,08 W para el Archer A8 y 6,64 W para varios modelos Wi-Fi 6 de su familia Archer. En el otro extremo hay equipos más completos que superan ampliamente esas cifras. Una ONT tampoco suele ser un aparato particularmente voraz: Nokia especifica menos de 18 W para uno de sus modelos GPON con Wi-Fi.
Supongamos, solamente para construir un ejemplo, que entre ambos equipos tenemos un consumo constante de 20 W y queremos conservar internet durante ocho horas.
Cuenta de servilleta
20 W × 8 horas = 160 Wh
Si asumimos una eficiencia global del 85 %: 160 Wh ÷ 0,85 ≈ 188 Wh. Redondeando, unos 190 Wh almacenados para este ejemplo.
Esos 160 Wh representan aproximadamente la energía que han requerido los equipos durante ese periodo. Sin embargo, la energía almacenada no llega íntegra a la carga. Se han producido pérdidas en conversiones, regulación y electrónica. Si para obtener una estimación razonablemente prudente suponemos una eficiencia global del 85 %, el almacenamiento necesario ha quedado aproximadamente en 188 Wh.
De repente el apagón se ha hecho más pequeño. No necesitamos necesariamente alimentar la vivienda entera ni instalar una solución de varios kilovatios-hora. Para mantener únicamente las comunicaciones durante unas horas, el problema puede estar en otra escala.
Naturalmente, 190 Wh no es una cifra universal. Si el conjunto consume 12 W, necesitaremos menos; si consume 30 W, necesitaremos más. También cambia la cuenta si queremos dos horas de autonomía o veinticuatro. Lo importante no es memorizar el número, sino aprender el procedimiento: consumo multiplicado por tiempo, corregido después por las pérdidas del sistema.
La etiqueta del adaptador tampoco cuenta toda la historia
Aquí ha aparecido otra fuente habitual de confusión. El adaptador del router puede decir, por ejemplo, 12 V — 1 A. Como potencia máxima, eso equivale a 12 W. Pero no significa necesariamente que el aparato haya estado consumiendo 12 W de manera continua. La fuente ha sido diseñada para poder entregar hasta determinada corriente; el consumo real del equipo puede ser inferior y además puede variar según la actividad.
Si queremos una estimación rápida y no tenemos instrumentos, la etiqueta sigue siendo útil porque permite trabajar con un límite prudente. Pero si vamos a dimensionar un sistema con más precisión, un medidor de consumo enchufable puede decirnos mucho más. Se conecta el router y la ONT, se observa el consumo durante un periodo razonable y de allí sale una cifra mucho más cercana a la vida real.
Esto parece un detalle menor, pero cambia bastante las compras. Si calculamos la autonomía suponiendo que cada adaptador consume permanentemente su potencia máxima, podemos terminar comprando un sistema mucho mayor de lo necesario. Si hacemos el error contrario y suponemos un consumo demasiado optimista, descubriremos la equivocación precisamente cuando se vaya la luz.
El viejo UPS funciona, aunque a veces ha dado una vuelta innecesaria
Durante años hemos resuelto este tipo de situaciones con el UPS de computador: una caja negra bastante poco agraciada cuya característica más memorable suele ser el pitido que empieza exactamente cuando uno necesita silencio. Para el router también puede funcionar y, si ya tenemos uno, no existe obligación alguna de complicar las cosas.
Sin embargo, eléctricamente ocurre algo curioso. El UPS normalmente ha almacenado energía en corriente continua. Cuando falla la red, la convierte en corriente alterna para producir un enchufe semejante al de la pared. Entonces conectamos allí la fuente del router, que vuelve a convertir esa corriente alterna en 12 V, 9 V o el voltaje continuo que necesite el aparato.
Tiene sentido cuando necesitamos alimentar equipos diseñados para trabajar directamente con la red eléctrica, pero puede resultar innecesario cuando todo lo que queremos mantener vivo son dos dispositivos pequeños que ya funcionan con corriente continua.
Por eso existen pequeños UPS DC para routers y equipos de telecomunicaciones. Pueden resultar más compactos y evitar algunas conversiones, pero tampoco son universales. Antes de utilizarlos hay que comprobar el voltaje correcto, la corriente que pueden suministrar y la polaridad del conector. Que dos conectores entren físicamente uno dentro del otro no ha demostrado todavía que deban conectarse.
La prueba más útil no ha requerido ningún apagón
Una vez instalado el respaldo, no tiene demasiado sentido esperar a que falle la red para descubrir si el sistema ha quedado bien diseñado. Se puede probar cualquier tarde. Con la conexión funcionando normalmente, se desconecta la alimentación que llega desde la red y se observa qué ha ocurrido. La ONT debe permanecer encendida, el router también, el teléfono debe continuar conectado al Wi-Fi y, sobre todo, hay que comprobar que efectivamente sigue existiendo acceso a internet.
Prueba de apagón en cinco minutos
- Desconecte la alimentación de red del sistema que quiere probar.
- Compruebe que ONT y router continúan encendidos.
- Abra una página que no estuviera cargada previamente.
- Revise si el respaldo mantiene el servicio, no solo las luces del router.
- Repita después durante más tiempo para comprobar autonomía real.
Este ensayo puede revelar varios problemas. Quizá hemos olvidado un tercer equipo. Quizá el UPS antiguo ha perdido buena parte de su capacidad. Tal vez el conjunto consume más de lo que habíamos estimado o el pequeño respaldo DC no entrega suficiente corriente. Todos esos fallos son bastante más agradables cuando se descubren un domingo por la tarde que cuando estamos intentando enviar un documento durante un apagón.
Pero puede suceder algo todavía más interesante: que todo en la casa permanezca encendido y, a pesar de ello, la conexión desaparezca.
También el proveedor ha necesitado electricidad
La fibra que entra en una vivienda no ha creado internet por sí sola. Ha formado parte de una infraestructura mucho mayor. Las redes ópticas pasivas reducen la necesidad de equipos alimentados en algunos tramos de distribución, pero esto no significa que toda la red del operador funcione sin electricidad. En algún punto han existido equipos activos, centrales, enlaces y sistemas de telecomunicaciones cuya continuidad depende también del respaldo que haya instalado el proveedor.
En un apagón breve es posible que nada de esto se note. En una interrupción extensa o geográficamente amplia, algunas partes de la infraestructura pueden terminar afectadas. Entonces puede ocurrir una situación desconcertante: el router está encendido, la ONT está encendida, el teléfono muestra conexión Wi-Fi y, sin embargo, no podemos llegar a internet. Hemos conseguido mantener funcionando nuestro extremo de la red; el problema ha ocurrido en otra parte.
Esto introduce una diferencia importante que suele perderse cuando pensamos únicamente en almacenamiento: respaldar los equipos de comunicación no equivale necesariamente a respaldar la comunicación.
Una segunda conexión puede ser más importante que un respaldo más grande
Si disponer de internet durante una interrupción es realmente importante —por trabajo remoto, comunicaciones, cámaras, servicios domésticos o cualquier otra razón—, el problema conviene plantearlo con dos capas. La primera ha sido energética: conseguir que nuestros equipos sigan encendidos. La segunda ha sido de conectividad: disponer de otro camino hacia internet cuando la conexión fija falle.
Capa 1
Energía de respaldo
ONT, router y demás equipos continúan encendidos.
Capa 2
Conexión de respaldo
Red móvil, hotspot o enlace alternativo si falla el proveedor fijo.
Ese segundo camino puede ser el teléfono compartiendo datos, un router 4G o 5G, o un equipo que permita utilizar la red móvil como conexión secundaria. Verizon, por ejemplo, ofrece servicios que cambian a una conexión celular cuando falla el acceso fijo y advierte que durante un apagón el router también necesita una fuente de energía de respaldo. La propia compañía señala además que la velocidad de la conexión móvil puede caer cuando existe mucho tráfico o una emergencia.
Tampoco la red móvil es invulnerable. Pero tener dos rutas diferentes puede resultar bastante más útil que tener una única ruta alimentada durante muchísimas horas.
Entonces, antes de comprar, haga tres cuentas
La próxima vez que piense en mantener internet durante un apagón, no empiece buscando “mejor UPS para router”. Primero identifique qué equipos forman realmente su conexión. Después estime o mida cuánto consumen juntos. Finalmente decida cuántas horas de servicio necesita.
Supongamos que ha medido 18 W y quiere seis horas de autonomía. El consumo energético teórico será 18 W × 6 h = 108 Wh. Si nuevamente suponemos una eficiencia global del 85 %, necesitaremos alrededor de 127 Wh. Ya tenemos una cifra con la que comparar soluciones y a la cual podremos añadir margen por envejecimiento, pérdidas adicionales o simplemente para no utilizar toda la capacidad disponible.
Y aquí quizá haya aparecido algo más interesante que el propio cálculo. Durante mucho tiempo, cuando se ha ido la electricidad, hemos pensado que la solución consistía en sustituir toda la red: alimentar la nevera, el televisor, las luces, los computadores y, si es posible, continuar viviendo como si nada hubiera ocurrido.
La autonomía puede empezar por una ambición mucho más modesta. Mantener una conexión, conservar algunas luces, poder trabajar o cargar un teléfono. Decidir qué servicios no queremos perder y durante cuánto tiempo necesitamos conservarlos. Cuando esa pregunta se ha hecho primero, el tamaño de la solución también ha cambiado.
Referencias
- AT&T — Información sobre respaldo de energía para gateways, módems y ONT.
- TP-Link — 2025 Small Network Equipment Idle Power Consumption Information.
- Nokia — ONT G-1426G-A: requisitos de alimentación y consumo.
- Verizon — Cellular Wi-Fi Backup: funcionamiento, energía y limitaciones.
Nota de cálculo: los ejemplos de 85 % de eficiencia son estimaciones didácticas, no mediciones de un equipo concreto. La autonomía real depende del consumo, de la eficiencia del sistema, del estado del almacenamiento y de la configuración utilizada.