Hay algo raro en lo que está ocurriendo con las baterías de sodio en China, raro no porque la tecnología sea nueva, porque no lo es, ni porque alguien haya conseguido de pronto una densidad energética imposible, porque tampoco ha ocurrido, sino porque una industria que durante años habló del sodio como se habla de una carretera todavía sin terminar, útil algún día, prometedora tal vez, pero siempre unos kilómetros más adelante, ha empezado a poner dinero, fábricas y contratos donde antes había principalmente prototipos.
En una licitación publicada este 10 de septiembre, CATL quedó primero para suministrar un sistema de almacenamiento con baterías de sodio a 1,035 yuanes por Wh. En el mismo proyecto, la alternativa LFP apareció a 0,518 yuanes por Wh.
Casi la mitad. El dato desordena un poco la historia que solemos contar. Se supone que el sodio interesa porque será barato. Se supone también que las tecnologías nuevas empiezan a desplazar a las anteriores cuando consiguen hacer algo mejor. Aquí, por ahora, ocurre algo menos limpio: el sodio pierde en precio, pierde en densidad energética y, aun así, China está contratándolo por decenas de GWh.
CATL firmó en abril un acuerdo de 60 GWh. HiNa Battery acaba de cerrar otro de 10 GWh para Corea. Este mismo mes empiezan las primeras entregas comerciales de sistemas estacionarios de sodio de CATL.
La pregunta, entonces, dejó de ser cuándo llegará una batería de sodio mejor que una de litio. Tal vez nunca llegue en esos términos. La pregunta interesante es por qué alguien está dispuesto a comprarla antes de que gane.
Un ion distinto cambia casi toda la batería
Una batería de sodio-ion funciona de una manera bastante parecida a una de litio-ion. Durante la carga y la descarga, unos iones se desplazan entre los electrodos y con ese ir y venir almacenan o liberan energía.
La diferencia parece pequeña: donde una utiliza litio, la otra utiliza sodio. Pero en electroquímica cambiar al viajero obliga a reconstruir parte del camino.
El ion de sodio es más grande y más pesado que el de litio, por lo que no encaja igual en los materiales que durante décadas se han perfeccionado para las baterías convencionales. El grafito, por ejemplo, funciona extraordinariamente bien como ánodo para litio, pero resulta bastante menos cómodo para sodio. Por eso muchos fabricantes utilizan carbono duro, un material con una estructura mucho más desordenada, llena de espacios donde los iones pueden alojarse.
También cambia el cátodo. HiNa ha trabajado con combinaciones de sodio, cobre, hierro y manganeso; otros fabricantes desarrollan materiales polianiónicos o estructuras relacionadas con el azul de Prusia.
Hablar de “la batería de sodio”, por tanto, empieza a ser tan impreciso como hablar de “la batería de litio”. Hay familias distintas, recetas diferentes y compromisos diferentes entre precio, densidad, seguridad y duración.
Y hay una limitación física que ninguna campaña de marketing puede borrar: el sodio pesa más.
Una batería pesada que puede darse el lujo de ser pesada
HiNa informa actualmente celdas comerciales para vehículos por encima de 165 Wh/kg. Es bastante más que sus primeras generaciones, que rondaban los 145 Wh/kg, pero sigue siendo menos que muchas LFP modernas y bastante menos que las mejores NMC.
Eso sería un problema serio si todas las baterías tuvieran que moverse.
Pero muchas de las que China está empezando a fabricar no irán dentro de un automóvil.
Imaginemos por un momento una planta solar en Mongolia Interior, un campo enorme de paneles bajo un cielo que durante horas produce más electricidad de la que la red puede absorber, y al lado una fila de contenedores metálicos llenos de baterías. Pueden pesar treinta toneladas, treinta y cinco o cuarenta, y después de que una grúa los deje allí nadie tendrá que volver a moverlos durante años. No hay que acelerarlos para entrar a una autopista ni subirlos por una montaña ni pagar energía todos los días para transportar su propio peso.
Entonces algo cambia. Los 165 Wh/kg dejan de parecer una tragedia y empiezan a importar más otras cosas: cuántas veces puede cargarse la batería, qué ocurre cuando el invierno baja a -20 °C, cuánto calor produce en verano, cuánto cuesta mantenerla refrigerada, cuántos materiales necesita y cuánto costará cada ciclo después de diez o quince años.
El sodio no necesita ser ligero para quedarse quieto. Y precisamente ahí parece haber encontrado China uno de sus primeros grandes mercados.
CATL dejó de intentar impresionar con densidad energética
En junio, CATL presentó TENER Sodium, un sistema de almacenamiento estacionario desarrollado alrededor de baterías de sodio-ion.
Las cifras del fabricante son difíciles de ignorar: 15.000 ciclos a 25 °C, más del 92 % de capacidad disponible a -20 °C y más de 10.000 ciclos a 45 °C. CATL afirma además menor expansión de materiales, menor generación de calor y menor consumo energético de los sistemas auxiliares frente a determinadas configuraciones LFP.
Habrá que ver qué parte de eso resiste diez o quince años de operación real. Ninguna batería presentada en 2026 puede traer todavía quince años de historial escondidos en una carpeta.
Pero quizá esa sea precisamente la pista.
CATL no está intentando vender esta batería diciendo que almacena más energía por kilogramo. La está vendiendo diciendo que puede trabajar durante mucho tiempo, soportar temperaturas difíciles y reducir algunas de las cargas operativas de una instalación estacionaria.
Ha cambiado la conversación.
Durante años las baterías compitieron como si todas estuvieran tratando de entrar en el mismo automóvil. Ahora una parte de la industria empieza a reconocer que una batería para un vehículo y una batería para una subestación pueden permitirse prioridades completamente diferentes.
La revolución aburrida de la fábrica
CATL llevaba años enseñando baterías de sodio. Lo diferente en 2026 no es que haya conseguido hacer funcionar una.
Es que afirma haber resuelto suficientes problemas industriales para fabricarlas en GWh.
Y esos problemas, como ocurre tantas veces cuando una tecnología empieza a hacerse real, son bastante menos seductores que la química.
Control de humedad. Formación de gases en el carbono duro. Adhesión de láminas de aluminio. Procesos de formación del ánodo. Tolerancias de fabricación.
Nada de eso cabe bien en un titular, pero una fábrica vive precisamente allí.
Es un poco como mirar una locomotora antigua y pensar que el avance fue descubrir cómo hervir agua, cuando el problema realmente difícil fue construir miles de piezas capaces de soportar presión, vibración y calor durante años sin que cada viaje terminara en una reparación. La idea científica puede ser brillante y aun así morir antes de cruzar la puerta de la fábrica.
CATL también diseñó estas baterías con dimensiones compatibles con plataformas utilizadas para litio, una decisión aparentemente menor que puede terminar siendo más importante que varios puntos adicionales de densidad energética. Si una empresa puede aprovechar equipos, líneas de integración, contenedores y parte de una cadena existente, el salto industrial deja de exigir que todo el mundo empiece otra vez desde cero.
En abril apareció entonces el número que cambia la escala de la conversación: 60 GWh durante tres años para HyperStrong.
Ya no era un lote experimental.
Era un compromiso industrial.
HiNa llevaba años esperando que el mercado alcanzara a la química
HiNa Battery llegó al sodio por otra ruta. La empresa nació alrededor del trabajo desarrollado durante años en el Instituto de Física de la Academia China de Ciencias y lleva buena parte de su existencia apostando por una química que, durante mucho tiempo, parecía condenada a vivir detrás del litio.
Sus primeras celdas comerciales rondaban los 145 Wh/kg. Las generaciones recientes para vehículos comerciales superan, según la compañía, los 165 Wh/kg, admiten cargas completas en aproximadamente 20 a 25 minutos y superan 8.000 ciclos en determinadas condiciones de carga rápida.
El 2 de septiembre firmó con la coreana VOLTA un acuerdo para un suministro de 10 GWh durante cinco años.
La historia previa ayuda a entender el número. Antes habían trabajado juntos con unos 15 MWh.
Quince MWh sirven para conocer una tecnología. Diez GWh obligan a conocer una industria.
HiNa fabricará las celdas, VOLTA integrará los sistemas y la Universidad Kwangwoon participará en pruebas y validación. No es simplemente mandar baterías desde China y esperar que alguien encuentre dónde colocarlas. Es empezar a construir una cadena alrededor de ellas.
Los 10 GWh todavía tienen que fabricarse. Un contrato firmado sigue siendo una promesa hasta que empiezan las entregas y, en una industria donde las capacidades anunciadas suelen correr más rápido que las fábricas terminadas, conviene recordar esa diferencia.
Pero alguien ya decidió comprometerse durante cinco años.
Eso cambia la naturaleza del experimento.
La batería barata que todavía cuesta más
Aquí aparece la parte incómoda.
Durante años una de las grandes promesas del sodio fue el costo. El sodio es abundante, está ampliamente distribuido y varias de sus químicas pueden utilizar hierro, manganeso y otros materiales relativamente comunes. En determinadas arquitecturas también puede utilizar aluminio donde las baterías de litio suelen necesitar cobre.
Es fácil mirar esa lista y concluir que la batería debería ser barata. Quizá algún día lo sea. Hoy no.
中国储能网 calculó para 2025 precios medios adjudicados alrededor de 1,35 yuanes/Wh para sistemas de sodio-ion, claramente por encima del LFP. Y la licitación de este 10 de septiembre es todavía más incómoda porque permite comparar prácticamente dentro del mismo escenario: aproximadamente 1,035 yuanes/Wh para sodio frente a 0,518 yuanes/Wh para LFP.
El doble. Un fabricante de automóviles que presentara un vehículo más pesado, con menos autonomía y dos veces más caro tendría una reunión bastante difícil con su departamento comercial.
Pero una red eléctrica no compra automóviles. Compra ciclos, estabilidad y capacidad disponible cuando la necesita. Compra una máquina que quizá tenga que cargarse por la tarde, descargarse cuatro horas después y repetir ese trabajo miles de veces mientras afuera hace frío, calor, vuelve a hacer frío y pasan diez años.
Entonces el precio inicial deja de ser la única cuenta, aunque siga siendo una cuenta muy importante.
Quizá China no esté intentando reemplazar nada
Hay una tendencia bastante humana a imaginar las tecnologías nuevas como duelos.
Streaming contra televisión. Celular contra cámara. Automóvil eléctrico contra gasolina. Sodio contra litio. El relato exige que uno gane y el otro desaparezca.
La industria casi nunca es tan ordenada.
Las LFP son baratas, maduras y se fabrican a una escala enorme. El sodio tiene otra estructura de materiales, otro comportamiento frente a temperatura y posiblemente otra curva de costos cuando alcance suficiente volumen. Algunos proyectos chinos ya están combinando ambas químicas dentro de instalaciones híbridas.
Tiene bastante sentido. Una red eléctrica tampoco funciona con una sola clase de central. Hay hidroeléctricas, gas, solar, eólica, nuclear y carbón porque cada tecnología responde de manera diferente a costos, horarios, disponibilidad y necesidades de la red.
Las baterías podrían terminar pareciéndose más a eso.
No una química vencedora, sino varias tecnologías haciendo trabajos distintos.
Desde esa perspectiva, los 60 GWh de CATL y los 10 GWh de HiNa empiezan a verse de otra manera. China no está necesariamente apostando a que el sodio destruya al LFP. Está gastando dinero para que exista una alternativa suficientemente grande como para usarla cuando convenga.
Eso también explica por qué puede hacerlo incluso mientras el sodio cuesta más.
Una industria no se construye únicamente cuando ya es barata.
A veces primero se construye la industria para que algún día pueda serlo.
Y tampoco es inmune al fuego
La seguridad merece una última desviación porque alrededor del sodio está empezando a crecer otro mito cómodo: que estas baterías prácticamente no pueden sufrir fuga térmica.
No es tan sencillo.
Investigadores de la Academia China de Ciencias encontraron que en determinadas celdas con ánodos de carbono duro pueden aparecer pequeños depósitos de sodio altamente reactivos capaces de intervenir en procesos de fuga térmica. Otro grupo del Instituto de Física ha trabajado en electrolitos retardantes de llama precisamente para limitar ese comportamiento.
La química puede ofrecer ventajas térmicas y algunos diseños de sodio muestran resultados excelentes.
Pero la tabla periódica nunca leyó un folleto de marketing.
Una batería almacena mucha energía en un volumen pequeño. Siempre habrá algo que gestionar.
Lo interesante es que China está encontrando esos problemas al mismo tiempo que intenta fabricar la tecnología en gran escala, y ahí empieza una etapa distinta: la de los defectos reales, las fábricas reales, los clientes reales y las soluciones que ya no pueden existir únicamente dentro de un artículo científico.
La aduana también se dio cuenta
Desde el 1 de septiembre de 2026, China utiliza un código aduanero independiente para las baterías de sodio-ion.
Al principio parece casi una nota al pie. Tal vez no lo sea.
Durante años las baterías de sodio fueron suficientemente pequeñas como industria para viajar escondidas estadísticamente dentro de categorías más amplias. Ahora el gobierno chino considera útil contarlas por separado.
Al día siguiente HiNa anunció su acuerdo de 10 GWh con Corea.
Una semana después aparecen licitaciones donde el sodio compite directamente con LFP.
Y CATL empieza este mes las primeras entregas comerciales de sus sistemas estacionarios.
Es difícil señalar el día exacto en que una tecnología deja de ser experimental. No hay una campana que suene en una fábrica ni un científico que salga a una ventana a anunciarlo.
A veces ocurre de una manera mucho menos elegante.
Un cliente firma un contrato, una línea empieza a producir, una universidad deja de probar diez celdas y empieza a validar sistemas. Y un funcionario de aduanas descubre que necesita una casilla nueva.
Quizá el sodio-ion esté cruzando justamente esa frontera.
Todavía pesa más, todavía almacena menos energía y hoy incluso puede costar el doble. Y, sin embargo, alguien ya está comprando decenas de GWh.
Eso, bastante más que cualquier récord de laboratorio, es lo que vale la pena seguir.
Referencias
- 中国储能网 (China Energy Storage Network). Licitaciones y evolución de precios del almacenamiento con sodio-ion en China. Fuente en chino mandarín.
- 宁德时代 / CATL. Acuerdo de 60 GWh con 海博思创 / HyperStrong y desarrollo industrial del sodio-ion. Fuente original en chino mandarín.
- 宁德时代 / CATL. Presentación del sistema TENER Sodium y datos declarados de ciclos, temperatura y operación. Fuente original en chino mandarín.
- 中科海钠 / HiNa Battery. Acuerdo con VOLTA para el suministro de 10 GWh durante cinco años. Fuente original en chino mandarín.
- 中科海钠 / HiNa Battery. Información sobre las generaciones recientes de sus celdas de sodio-ion. Fuente original en chino mandarín.
- 中国科学院物理研究所. Investigaciones sobre carbono duro y mecanismos de almacenamiento de sodio. Fuente en chino mandarín.
- 中国科学院青岛能源所. Investigaciones sobre fuga térmica y depósitos reactivos de sodio en ánodos de carbono duro. Fuente en chino mandarín.
- 中国科学院物理研究所. Trabajo sobre electrolitos retardantes de llama para baterías de sodio. Fuente en chino mandarín.
- 大连化物所 / 中国科学院. Materiales y perspectivas de costo de las baterías de sodio-ion. Fuente en chino mandarín.